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La Pasión del Viernes de Dolores. Paso a Paso.

 

La Venerable Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo y maría Santísima de los Dolores posee actualmente ocho pasos que recorren la ciudad en la tarde-noche de Viernes de Dolores. En estos treinta años de existencia, ha ido evolucionando progresivamente alcanzado esta cifra; desde los tres primeros que procesionaron el 21 de marzo de 1985, con los titulares del Stmo. Cristo del Amparo, María María Stma. de los Dolores y Jesús del Gran Poder, la procesión ha aumentado en cinco pasos más. 

Fue en 1991, cuando se incorpora el cuarto paso, el denominado Jesús ante Pilato, obra del imaginero, Antonio Labaña Serrano; tres años más tarde, la Cofradía se amplia con La Sagrada Flagelación, del maestro Hernández Navarro, terminando de completarse en 1996; ese mismo año, los hermanos azules aprueban el sexto paso que corresponde a la escena del Encuentro de Jesús con la Santa Mujer Verónica, obra de Gregorio Fernández-Henarejos; en el año 2001, se suma el séptimo paso San Juan Evangelista, obra también del escultor de los Alcázares Fernández-Henarejos Martínez; y el octavo y último en el año 2012 obra del escultor yeclano, afincado en Barcelona, Rafael Roses Rivadavía.

El patrimonio escultórico corresponde a la gubia de grandes escultores, que desarrollaron su obra en la ciudad de Murcia en el siglo XVII-XVIII y XX. En cuanto a grupos escultóricos, son tres en total e imágenes individuales cinco.



Ángel de la Pasión

Abre la procesión el Pendón de la Cofradía, y su primera Hermandad es la Infantil integrada por sesenta niños que escoltan a la el Ángel de la Pasión, estrenado el Viernes de Dolores, 31 de Marzo de 2012, obra del escultor yeclano afincado en Barcelona, Rafael Roses Rivadavia en 1996.

Los ángeles de la Pasión corresponden a un grupo de seres celestiales que, según la tradición cristiana, asisten a la Pasión de Cristo para confortar al Hombre-Dios en el doloroso final de su vida terrenal. Como atributo, cada uno de estos ángeles porta uno de los instrumentos de la Pasión: cáliz, lanza, farol, látigos, esponja, clavos escalera, túnica, cruz, corona de espinas, INRI. Esto hizo que hubiera una serie de ángeles portadores de cada uno de los símbolos para presentarlos ante el Padre como muestra de que la Pasión se había consumado y con ello se había logrado la salvación del género humano.

La belleza ideal de estos angelitos basada en textos sagrados, como mensajeros alados de Dios, no pasó desapercibida a nuestro escultor. Más semejantes al ser humano y con cualidades similares, éstos ángeles podrían pertenecer a la tercera tríada, encontrándose en el límite entre lo etéreo y nuestro mundo, donde se les unen los principados y arcángeles en el mismo nivel.

El Ángel está tallado en madera policromada, dorada y con túnica ricamente floreada y estofada, despliega las alas al viento siendo un ser etéreo, con rostro no humano, dirige su mirada melancólica a sus mano donde porta el Santo Cáliz de la Pasión y la mano siniestra señala al cielo al padre eterno.


La Sagrada Flagelación

La escena que representa la Flagelación de Jesús, obra del prestigioso artista  murciano Don José Antonio Hernández Navarro, fue concebida por un Jesús encorvado y atado con las manos hacia atrás, con un cordel a una columna arbolea, mientras que un sayón se dispone a azotar al Redentor con un látigo; en la parte posterior del trono.

El proyecto de este paso en la Cofradía se ideó por el mayordomo fundador Don Alfonso Requena Lorente y por Don Manuel Pérez Fernández, en las puertas de templo de San Nicolás, el Viernes de Dolores de 1993. La obra fue contratada una vez aprobada por la Junta Directiva, con el escultor afincado en Los Ramos, Hernández Navarro. Desde su maqueta original hasta su culminación, poco varía la obra de inspiración del artista, que presenta una iconografía totalmente renovada en la temática de la Flagelación de Jesús. Por la premura del tiempo solamente desfiló en el primer año la imagen de Jesús, mientras que el sayón fue esculpido dos años más tarde.

La mañana trágica del Sábado de Pasión del 15 de abril de 2000, se produjo uno de los más tristes sucesos de nuestra Semana Santa de Murcia, cuando diversos miembros del paso se disponían a mover el trono para trasladarlo, y una de las ruedas del banquillo de apoyo del paso tropezó en una losa y del pavimento, por lo que esculturas salieron despedidas al soltarse los tornillos, lo cual provocó que el trono se levantara en su parte delantera.

Rápidamente, se trasladaron las esculturas para su restauración al taller de Hernández Navarro; así como el trono que fue conducido al taller del tallista murciano Don Manuel Ángel Lorente Montoya. A pesar del estado preocupante de las imágenes fue garantizada su recuperación.

En el año del X aniversario de la fundación del paso y la hermandad 2004-05, los cabos de andas y nazarenos estantes donaron una túnica tallada con un sillar obra también del propio escultor Hernández Navarro, como complemento al conjunto escultórico.

Jesús

Tallada la imagen en madera de pino de flandes y policromada, sus dimensiones son 1’82 x 1’12 x 0’92 metros. De proporciones precisas, destaca por su exquisita anatomía, elegancia en el porte, y majestuosidad patente.

Su bello semblante trasmite serenidad, y su mirada piadosa y congojada conmueve al espectador que la recibe. Gira suavemente la cabeza hacia la derecha, cuyo lado de su corta melena, un mechón recae sobre su hombro. De su boca entreabierta se asoman unas gotas de sangre.

La espalda traumatizada es tremenda pues presenta lesiones que llegan a producir grandes heridas y fuertes contusiones con hemorragias.

Su posición es la normal o esperada de cualquier flagelado, al que se le obligaba a abrir las piernas para recibir los azotes; mientras su cuerpo en plena tensión marca músculos bien definidos, con total dominio anatómico; resaltando la clavícula, las arterias, ambos pectorales, costillas y vientre; en definitiva, es excelente en toda su extensión. Tan sólo porta un paño de pureza blanco entrelazado en talla.

Sayón

En la parte posterior del trono, se sitúa esta escultura de tamaño natural en madera policromada, cuyas dimensiones 1’78 x 0’83 x 0’85 metros.

Representado con gran furia y plena tensión, su aspecto es malvado y contrastado con el del Salvador. Su rostro presenta la fuerza que ejerce por su esfuerzo, al contraer los músculos de la cara y mostrar sus dientes reflejando el estado de odio y agresividad, con la boca entreabierta, que grita en su más puro estado de sadismo. La cabeza totalmente rapada acrecienta la impresión de fiereza y maldad; enseñando de forma muy sutil el vello naciente de su cabeza, bigote y barba bien rapados, en su clara encarnación.

El estudio anatómico está bien tratado, y el tono de su piel es más oscuro que el de Jesús. Viste calzón marrón, y cinturón de cuero con tirantes, y calza botines romanos.

En su mano izquierda se ciñen una muñequera que acentúa la fuerza de sus brazos, mientras agarra fuertemente un flagelo forum, látigo de mango corto con una correa de piel de buey trenzada, del que cuelgan tres bolas de madera con pronunciados pinchos, y que fue donado recientemente por Inmaculada Alcántara. Anteriormente llevaba otra metálico y más rígido.

Túnica

Tras Jesús, la túnica tallada se posa sobre un sillar con soltura y gran realismo; policromada en color magenta, su autor es Hernández Navarro. Su ejecución se originó con motivo del X aniversario por todos los componentes del paso y como ofrenda a la Sagrada Flagelación.



Jesús ante Pilatos

Representa el momento en el que el gobernador romano Poncio Pilato no encuentra causa justificada para condenar a Jesús, y se lava para exculparse de su condena.

Es obra del imaginero murciano, nacido en los Algezares, Don Antonio Labaña Serrano en 1991; fue bendecida en la Iglesia de San Nicolás el 8 de marzo del mismo año, y procesionó ese mismo Viernes de Dolores. El grupo escultórico está formado por tres esculturas de tamaño natural, dónde Jesús aparece de pié, Poncio Pilato sentado en un sillón, y un niño esclavo con una palangana entre sus manos, que fue incorporado en el año 1994, completando definitivamente la iconografía original.

Jesús

La escultura de Cristo es de vestir, aparece de pié, maniatado al dogal que le rodea el cuello, y pegada al cuerpo la simbólica caña de la burla, que representa el cetro de un rey.

Como imagen de vestir, va ataviado con túnica de color blanco, ceñida por un cíngulo dorado y capa encarnada. La cabeza tallada es realista, y dramática, plena de dolor y mirada triste, que alza la cabeza hacia el cielo dirigiendo su mirada al padre Eterno. La respuesta encontrada del artista Labaña a la mirada de Jesús es singular y todo un acierto, porque generalmente, la mirada del Ecce-Homos es de humillación y cabizbaja.

La corona de espinas superpuesta se ajusta a su frente, señalando múltiples lesiones salpicadas de sangre en la frente debido a las espinas. Su cuello y pecho quedan al descubierto de su túnica donde se puede observar más heridas. Mide 1’75 x 0’55 x 0’70 x 0’56 metros.

 
Poncio Pilato

El procurador romano aparece sentado en un sillón de madera, que queda alzado unos centímetros para su mejor visión, gracias a la peana. Esta imagen de vestir de tamaño natural, viste al estilo romano de la época, con una túnica blanca, cíngulo rojo, y un manto por encima del hombro izquierdo, en color blanco y bordeado en rojo.

El anguloso rostro de marcadas facciones, no expresa maldad ni odio, sino inquietud. El pelo lo lleva muy corto, y de color castaño. Porta en su mano derecha el pergamino enrollado que dicta la sentencia del Mesías, mientras que con la otra mano más bien señala o se dirige el dedo índice, a Jesús en actitud de demanda de respuesta.

Como dato histórico, señalar que en su primera procesión aparecía de pie. Tiene unas medidas de 1’44 x 0’38 x 0’75 metros.

El niño esclavo

 El niño mulato, identificado por su físico y vestimenta, carácter y color de piel morena, posee pelo corto rizado, redonda nariz, labios muy carnosos, un pendiente de aro en la oreja, y un paño que rodea su cintura en color rojo, con vivos blancos a rallas  y un turbante sobre su cabeza.

En disposición de acercar agua al procurador romano, porta una toalla sobre el brazo izquierdo, mientras que con ambas manos mantiene la zafa, y en su mano derecha sujeta la jofaina. Situado en el ángulo derecho del paso; sus dimensiones son 1’10 x 0’54 x 0’29 metros.



Encuentro camino del Calvario

La escena representa el encuentro de Cristo con la Verónica, cuando caminaba en su ascensión al monte Calvario, y ésta mujer enjuga el rostro, que queda plasmado en el paño, milagrosamente.

Esta representación aúna un momento histórico sucedido en el camino hacia el Calvario, clave y demostrado, con la tradición y leyenda de ese encuentro de Jesús con la Mujer que se apiada de El y a la que se le denominará cómo Verónica.                                                                                               

La composición recoge el encuentro de Cristo con la Santa mujer Verónica, en la calle de amargura; por lo que el grupo escultórico está compuesto por las dos esculturas protagonistas solamente; según la interpretación artística del escultor del pueblo costero murciano de los Alcázares, Don Gregorio Fernández-Henarejos Martínez en 1996, y estrenado el mismo Viernes de Dolores de ese mismo año.

Ambas esculturas son de tamaño natural, en madera enlienzadas, policromadas, y ricamente estofadas. Junto a una palmera como ornamento vegetal que aparece en la parte trasera del paso, dando mayor teatralidad a la escena pasionaria, se unen la gran cantidad de flores que embellecen cada año esta bella escena.  Tuvo un coste total  de un millón doscientas mil pesetas.

 Jesús

Escultura de tamaño natural, con unas medidas de 1’25 x 0’50 x 1’22 x 0’80 metros, está tallada con esmero y delicadeza, enlienzadas con maestría y policromada con la sabiduría de un buen pintor. Jesús cae en tierra mientras carga con una gran cruz de madera de remates dorados, pero está arrodillada, y no caído, dispuesto a reanudar la marcha tras el alivio ofrecido por la  mujer Verónica.

Conocido como “Jesús de la Humildad”, su rostro es de gran belleza con una expresión de inmensa tristeza y cansancio que incitan a la piedad de todo espectador. De melena larga y rizada, su barba es corta siguiendo la iconografía aceptada del Hijo de Dios. Va coronado de espinas, habiendo dorado un cordel que destaca sobre su cabello oscuro. La túnica enlienzada en estofa, y con bocamangas doradas.

La escultura del Redentor centra la escena sin quitarle protagonismo a la mujer Verónica.

           
Verónica  

Tallada en madera policromada, dorada, estofada y enlienzada, mide 1’55 x 0’52 x 0’90 x 0’52 metros. Frente a Jesús, se encuentra de pié, un tanto inclinada y sujetando con sus manos el lienzo donde queda plasmada la faz de Jesús. Dirige su mirada con melancolía y piedad al Redentor.

El escultor Fernández-Hernarejos se inspira en la Verónica del inmoral escultor Francisco Salzillo y Alcaraz, vistiéndola con los ropajes de moda del S. XVIII, tal como la concibió el maestro Salzillo. Su semblante es belló de delicadas y finas facciones, y gran sensualidad en su torso.

En la cabeza lleva un pañuelo rayado en color azul, blanco y dorado, que le sujeta el cabello; con camisa blanca adornada con cenefas doradas, el corpiño de color verde oscuro, la  falda en color salmón, mientras que el movido manto es azul turquesa con estofa floreada, y una gran movilidad, lleva sandalias con cintas en los pies.

 

En definitiva, la Verónica se nos muestra con una excelente calidad cromática en todas las prendas de su vestimenta, demostrando Gregorio Fenández-Henarejos sus grandes dotes como pintor.



Nuestro Padre Jesús del Gran Poder


Este nazareno con la cruz a cuestas camino del Gólgota, es obra del escultor Nicolás de Bussy Mignan, cuya fecha de realización de la obra oscilaría entre los años 1693 a 1703, fechas en las que estuvo afincado el artista en la ciudad de Murcia.

La imagen es un poco menor al tamaño natural, y  de vestir al más puro estilo requerido en la época. Cedida a la Cofradía para la procesión todos los años, por sus propietarias, las Reverendas Madres Capuchinas, para los traslados y procesión en la noche de Viernes de Dolores, se expone al culto permanente en su Convento situado en el Paseo del Malecón.

 Durante la Guerra Civil española sufrió grandes destrozos, por lo que no podemos asegurar el origen e iconografía de la imagen, por lo que las hermanas encargaron al escultor Don Antonio García Mengual la talla de las manos y devanaderas dándole su actual configuración. Porta cruz arbórea sobre hombro izquierdo, el pelo es natural, y coronado de espinas; viste rica túnica. Afirmando las hermanas que fue escondido en un pozo durante la contienda, la escultura fue sometida a un proceso de restauración por el Centro de la Comunidad Autónoma de Murcia, y Don Manuel Mateo Cuenca consideró oportuno sustituir las manos y pies, por otros de nueva factura.

La cabeza de Cristo tiene gran parecido a la del Stmo. Cristo de la Sangre, titular de la Archicofradía de la Sangre, en todos los aspectos estilísticos y faciales. Posee su rostro una imponente expresión de dolor e infinito amor, con mirada triste con ojos abiertos y grandes dirigida al frente, boca entreabierta dejando entrever los dientes tallados en madera, barba rizada y partida; derrama sangre de su frente, muy propio del clasicismo de la obra bussyana.

La imagen del Nazareno lleva una túnica de terciopelo azul bordada en oro, del mismo color que las sus cofrades; de cuyo bordado debemos de destaca en la parte delantera la representación del escudo de la ciudad de Murcia y de la Orden Capuchina, y en la trasera, la fachada barroca de la Catedral de Murcia. Tiene, además otra segunda túnica de terciopelo de color granate, con pechera y bocamangas doradas.

Comenzó a procesionar en la primera procesión de Viernes de Dolores de 1986, y es trasladado todos los años en solemne procesión hasta la Iglesia de  San Nicolás, sede canónica el miércoles de Pasión, retornando de nuevo hasta el Convento de la Exaltación de Eucaristía en la mañana de Domingo de Ramos.



San Juan Evangelista

Se incorpora a la procesión del Amparo, en el año 2001. La escultura del Evangelista es obra del escultor y gran pintor Don Gregorio Fernández-Hernarejos Martínez con unas dimensiones de 1’70 x 0’60 x 1’20 x 0’60 metros, en tallado en madera, salvo los ropajes son enlienzados, policromada, y estofada para su mejor esplendor.

En disposición de caminar, adelanta el pié izquierdo y la mano derecha, creando mayor dinamismo a la acción. Su semblante de seriedad y mirada penetrante se adecuan a la desolación y preocupación del momento. El rostro  refleja la dulzura y belleza con la que se representa a este apóstol de melena corta e imberbe.

Las vestimentas enlienzadas se componen de túnica en color anaranjado y estofa, camisa huertana blanca con botonera en el cuello, y manto en color azul turquesa. Vuelve el escultor a destacar en esta escultura la delicadeza de su pincelada y su sabiduría pictórica. La aureola que lleva en la testa es de plata realizada por orfebres murcianos. 

Recibe culto durante todo el año en la capilla del bautismo de la sede e Iglesia de San Nicolás.



María Santísima de los Dolores

Representa a María al pié de la Cruz, contemplando a su Hijo crucificado, con el corazón desgarrado por el dolor, caracterizado por el simbólico puñal clavado en su pecho.

La Virgen tiene el puñal clavado en el pecho, haciendo alusión a las palabras del Sacerdote Simeón, en el día de la Presentación en el Templo, tal y como nos narra en el evangelio, San Lucas II: 34-35: “Una espada atravesará tu alma para que se descubran los pensamientos de muchos corazones”.

Igualmente, la representación de la espada recuerda los conocidos como los siete dolores de María que sufrió a lo largo de su vida, como fueron: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida de Jesús en el templo, la subida del Calvario, la Crucifixión, el descendimiento de la Cruz y la sepultura.

La escultura de la Virgen de los Dolores es de tamaño menor al natural, en madera policromada, estofada, y enlienzada, con unas dimensiones de 1’53 x 0’50 x 0’78 x 0’44 metros. 

Atribuida al maestro de la escultura, Francisco Salzillo Alcáraz, por el escritor y especialista de su obra, Don José Sánchez Moreno no dudó en su tesis doctoral en atribuírsela, datándola hacia 1776; aunque también admite la posible atribución a Don José López Navarro, discípulo directo del maestro Salzillo. Bien es cierto, que esta imagen mariana es similar en la tipología a la Dolorosa realizada por Salzillo en 1733.

La talla fue un encargo del arcediano de la Catedral de Santiago de Compostela, Don Raimundo de Azcoytia, quién pidió que se ubicara en su lugar de enterramiento en la capilla de la Virgen, debido a la devoción que le profesaba.

La imagen ha sido retocada en distintas ocasiones, y tuvo que ser sometida a una   profunda restauración en 1985, por el escultor murciano Francisco Liza Alarcón, para poder desfilar en la primera procesión de la Cofradía del Amparo, debido al estado de deterioro en que el se encontraba.

De rostro expresivo y marcado por un intenso dolor, e impregnado de cierta serenidad, dirige su mirada a Cristo Crucificado en la Santa Cruz, de sus ojos sendas lágrimas se deslizan sobre sus mejillas, sus manos se elevan al cielo en actitud declamatoria, y la daga clavada en su corazón representa la iconografía más habitual de la Virgen en su mayor dolor.

Viste con túnica de color rosa pálido estampada con adornos florales y dorados, ceñida a la cintura por un cíngulo dorado, el manto azul con dorados la envuelve es recogido por el brazo izquierdo, bajo el cual va tocada su cabeza por otro pañuelo blanco con rallas rojas, azules, y en oro. 

El puñal de plata con piedras preciosas que traspasa su corazón, es obra del orfebre murciano Reverte. Luce también sobre su divina testa una aureola de doce estrellas.

Habría que señalar que no habiendo participado con ninguna Cofradía hasta su inclusión en la del Amparo, se le ha concedido por varios Obispos indulgencias de hasta  doscientos días gracias a la indiscutible labor del presbítero, Don Francisco Díaz Rocher, que organizaba hasta un novenario anual en honor a María Santísima de los Dolores.

Existe una bella anécdota en relación con Stma. Virgen de los Dolores y la esposa del entonces jefe de la familia Azcoita. Se cuenta que andaba la peste por toda la ciudad, cuando falleció la joven, fue envuelto su cuerpo en su sudario, guardando las órdenes de respeto, cuando fue conducida desde su cercana casa hasta la capilla de San Nicolás, y estando sólo el sacristán velando el cadáver, intentó quitar una sortija de brillantes muy rica que poseía en el dedo; pero como no lo lograba, decidió cortarle el dedo con un cuchillo; cuando le produjo la herida, la mujer despertó de su letargo. Dicen que ella misma acompañada por el sacristán, llamó a la puerta de su casa, donde fue curada la herida y dio gracias de no haber sido enterrada viva, por lo que siempre consagraría oraciones de gracias a la Santísima Virgen de los Dolores.

En la actualidad, se venera en el altar que ocupa el lado derecho del crucero de la Iglesia de San Nicolás. El segundo día del Triduo es trasladada desde su capilla hasta el Altar Mayor donde se procede al Besamanos de la venerada Virgen.



Santísimo Cristo del Amparo


Este bellísimo crucificado es el titular de la cofradía, y desde tiempos inmemoriales  recibe culto en la Iglesia de San Nicolás, ahora en su capilla, aunque con anterioridad a la reciente reforma del templo se ubicaba en el Altar Mayor.

Los antecedentes históricos de la imagen se remontan al año 1739, mencionándose en un documento del 27 de abril, que Don Juan Antonio Azcoytia cedió a la familia Galtero el crucero del evangelio de la Iglesia de San Nicolás, y el retablo que había servido hasta entonces al altar mayor, para colocar el Stmo. Cristo del Amparo.

La imagen posee un gran acento italiano en su estilo, y aunque se le ha atribuido a distintos escultores, entre ellos a Antonio Dupart, el más aceptado es Francisco Salzillo, según la catalogación del doctor Sánchez Moreno, incluyéndolo en la primera etapa del genio, hacia 1739, por lo que podría ser el primer crucificado de su vasta reproducción.

Tallado en madera policromada, la escultura es de tamaño menor al natural, con unas medidas de 1’30 x 1’22 metros, que representa a Jesús ya fallecido y crucificado por tres clavos a una cruz arbórea.

De bellas facciones y placidez en su muerte, ladea su cabeza que reposa sobre su hombro derecho, con caída de su cabello moreno y ondulado, mostrando sus ojos cerrados, pómulos amoratados, nariz puntiaguda, boca entreabierta con dientes tallados, y barba corta dividida en la barbilla.

Reciente su fallecimiento, mana aún sangre de su costado, llagas y múltiples heridas que derivan del terrible martirio padecido, sobre una anatomía tan bien tratada que tan sólo un buen escultor podría ejecutarla con la elegancia y delicadeza que transmite, destacando sus extremidades clavadas a la cruz. El movimiento lo genera el paño de pureza tallado y policromado en color azul.

El Santísimo Cristo del Amparo va clavado a una cruz arbórea, rematada por la cartelera del I.N.R.I. en plata con guarnición dorada en los puntales de la Cruz, ricamente labrada en los talleres de orfebrería de Santa Clara de la ciudad de Sevilla. En distintas ocasiones ha desfilado con o sin corona, aunque posee un ajuar de dos diferentes en metal dorado y de espinas.  

Durante la Guerra Civil española fue guardada y salvada la imagen en el Museo Provincial, devolviéndose una vez finalizada la contienda a su Iglesia de San Nicolás de Bari.

En la Cuaresma de 1986, fue sometido el Cristo a una leve intervención por el escultor y hábil restaurador, Don José María Sánchez Lozano; y en el año 2005, se interviene de nuevo y en profundidad en el Centro de Restauración de la Comunidad Autónoma de Murcia.